Escribí la frase sobre el papel de una promoción de gimnasios, era simple y calma. Esas palabras reposaron largos meses en su recipiente, hasta fermentar. Repleta de grumos espesos despedía un insoportable hedor de confusión e intriga que se corporizaba en mi nariz (y sentidos); reaccionaba, demandando un esfuerzo interior y sensible; también morfológico, semantico, tantos métodos y técnicas y tantas otras cosas que paralizaban cualquier acción, explicación, e intento de búsqueda.
Deje a un lado los problemas y enfoque, "quiero escribir sobre eso" ocupó mis espacios en blanco, los vacíos de lo cotidiano. Lo veía claro entonces, allí no encajaban las grandes conceptualizaciones de la vida y el arte. Ambas se desvanecían cuando escribía lleno de contradicciones, confundido por la adoración a esas técnicas y metodologías que guían y seccionan, proclamando la posibilidad del error como una máxima insuperable a la cual temer. Me detuve, una vez más.
Al tipear de nuevo, encontré las férreas consideraciones del tiempo y el espacio jugando con mi sensibilidad. Las precisiones horarias dentro de un espacio físico, la hora corre, el espacio se templa. De esta forma las variables traen consigo eventualidades, "cosas que pasan" sin oportunidad de evitar que sucedan. Una canción sonaba: "no puedo ni quiero pensar / en obedecer la razón", decía su lírica. Deje la escritura, espere al cantante pronunciar la siguiente oración. No llegaba. Juan Ravioli, "Álbum Para La Juventud. Vol. 1", Autoengaño (el ocaso del Capitán Robertson). No llegaba, pero disfrutaba la canción.
No podría, basado en excusas intelectuales, fundamentar mis palabras en la Razón. "No estoy bien así / sin vos no es mejor", termina Ravioli su canción mientras yo terminaba esta ultima oración. Supe, Juan, que no estaba bien así, que no correspondía olvidar la Razón que guía nuestras ideas y con ella la acción del cuerpo; pero estas palabras se hubiesen corrompido si intentaba encontrar Concepto aquí, en mi sensibilidad, en lo que pasó cuando "quiero escribir sobre eso". No podía pues porque mi competencia intelectual no puede capitalizar un párrafo que incluya la Razón. Como Ravioli indicó, "no puedo, ni quiero pensar en obedecer la Razón"; allí hubiese caído, perdiendo la inmediatez que activa mis ganas (aquellas ganas que tuve) de iniciar este texto.
Todo aquí llevó el sello de la inmediatez, "rápido", "ya", "ahora", "no te detengas". Movido por el miedo a que se alejaran estas palabras de mi mente, de mi boca, de mis manos. Estas manos temen, tiemblan. "Quiero escribir sobre eso" porque el suceso podía perderse en la espesa niebla del razonamiento entramado que teje capas una tras otra, proyectando sombras, extendiéndose gravosamente sobre prematuras experiencias sensibles; finalizando en un recuerdo textual, de palabras, léxico y diccionarios.
"Eso" de "quiero escribir sobre eso", era lo inmediato, lo que pronto se iría. Mejor dicho, esa partida comúnmente enmascarada en el olvido no se olvida, sino que se tiñe de explicaciones, búsqueda de significados y contextos. Lo mismo sucedía a cada nueva palabra, oración, párrafo, me perdía en las contradicciones, cayendo boca arriba, con la caparazón de una tortuga ocultando una lámpara de 60 watts explicando en destellos que "quiero escribir sobre eso" u obnubilarme de tipeos es una simbiosis.
Deje a un lado los problemas y enfoque, "quiero escribir sobre eso" ocupó mis espacios en blanco, los vacíos de lo cotidiano. Lo veía claro entonces, allí no encajaban las grandes conceptualizaciones de la vida y el arte. Ambas se desvanecían cuando escribía lleno de contradicciones, confundido por la adoración a esas técnicas y metodologías que guían y seccionan, proclamando la posibilidad del error como una máxima insuperable a la cual temer. Me detuve, una vez más.
Al tipear de nuevo, encontré las férreas consideraciones del tiempo y el espacio jugando con mi sensibilidad. Las precisiones horarias dentro de un espacio físico, la hora corre, el espacio se templa. De esta forma las variables traen consigo eventualidades, "cosas que pasan" sin oportunidad de evitar que sucedan. Una canción sonaba: "no puedo ni quiero pensar / en obedecer la razón", decía su lírica. Deje la escritura, espere al cantante pronunciar la siguiente oración. No llegaba. Juan Ravioli, "Álbum Para La Juventud. Vol. 1", Autoengaño (el ocaso del Capitán Robertson). No llegaba, pero disfrutaba la canción.
No podría, basado en excusas intelectuales, fundamentar mis palabras en la Razón. "No estoy bien así / sin vos no es mejor", termina Ravioli su canción mientras yo terminaba esta ultima oración. Supe, Juan, que no estaba bien así, que no correspondía olvidar la Razón que guía nuestras ideas y con ella la acción del cuerpo; pero estas palabras se hubiesen corrompido si intentaba encontrar Concepto aquí, en mi sensibilidad, en lo que pasó cuando "quiero escribir sobre eso". No podía pues porque mi competencia intelectual no puede capitalizar un párrafo que incluya la Razón. Como Ravioli indicó, "no puedo, ni quiero pensar en obedecer la Razón"; allí hubiese caído, perdiendo la inmediatez que activa mis ganas (aquellas ganas que tuve) de iniciar este texto.
Todo aquí llevó el sello de la inmediatez, "rápido", "ya", "ahora", "no te detengas". Movido por el miedo a que se alejaran estas palabras de mi mente, de mi boca, de mis manos. Estas manos temen, tiemblan. "Quiero escribir sobre eso" porque el suceso podía perderse en la espesa niebla del razonamiento entramado que teje capas una tras otra, proyectando sombras, extendiéndose gravosamente sobre prematuras experiencias sensibles; finalizando en un recuerdo textual, de palabras, léxico y diccionarios.
"Eso" de "quiero escribir sobre eso", era lo inmediato, lo que pronto se iría. Mejor dicho, esa partida comúnmente enmascarada en el olvido no se olvida, sino que se tiñe de explicaciones, búsqueda de significados y contextos. Lo mismo sucedía a cada nueva palabra, oración, párrafo, me perdía en las contradicciones, cayendo boca arriba, con la caparazón de una tortuga ocultando una lámpara de 60 watts explicando en destellos que "quiero escribir sobre eso" u obnubilarme de tipeos es una simbiosis.
Material consultado:
Juan Ravioli - Autoengaño (el ocaso del Capitán Robertson) - http://www.gigasize.com/get.php?d=gv6dz171mcc
Leo Garcia - Lo Que Me Pasa -
Miedo en Wikipedia -
1 comentario:
La correccion dejo de existir en algun punto de la subida, cosas de la tecnologia, creo...
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